Como primer post deseo rendir un homenaje al Ingeniero Mario Velazquez Brzovic, recientemente fallecido ell 19 de Diciembre de 2007.
Quiero compartir con Uds, unas unas palabras que pronuncié en su funeral, el día 20 de diciembre de 2007.

"Sarita, Francisca, Marcela, Mario Andrés [1], parientes, amigas y amigos de Mario aquí presentes:
Si he aceptado la solicitud de decir estas palabras, es únicamente por el gran aprecio que siento por nuestro amigo Mario, porque condensar una vida en unas breves palabras, es una tarea que sobrepasa ampliamente mis capacidades.
¿Cómo resumir y destacar los aspectos más relevantes de nuestro “querido amigo y colega”, como él solía decirnos?
He optado por correr un riesgo, contarles lo que él significó para mí, esperando con ello representar a sus amigos de Televisión Nacional, de Telefónica, y colegas ingenieros, en nombre de quienes hablo, y mostrar solo una ínfima parte de las múltiples facetas de la rica vida de Mario, su aspecto profesional.
Para mí fue en muchos sentidos, un Maestro.
Teníamos exactamente 10 años de diferencia de edad.
Lo conocí a principios de los 70, como profesor de la cátedra de Televisión de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, al tomar ese ramo.
El era un joven Ingeniero, Ejecutivo de Televisión Nacional de Chile.
Como estudiante de ingeniería, yo lo miraba con gran admiración, llegaba a hacernos clases y nos contaba de sus viajes, con cierta ironía nos decía “que lata, me tengo que ir a Suiza” dejándonos perplejos, o “vengo llegando de Alemania”, abriendo su maletín con los stickers de sus viajes, dejando en nuestras jóvenes mentes una idea tangible de lo que significaba ser ingeniero, al menos en aquella época. En efecto, Mario desde muy joven, casi recién egresado, asumió grandes responsabilidades profesionales, y tuvo que tomar importantes decisiones, con impacto en la historia de la Televisión chilena. Fue uno de los fundadores de Televisión Nacional de Chile.
Como profesor era brillante, muy claro en sus exposiciones, cultísimo y con un gran sentido del humor. Sus clases eran muy amenas, nos entreteníamos y además, aprendíamos.
Después, no sé por qué, ya que yo no era el mejor estudiante, me ofreció la ayudantía de su ramo, EL 624, Sistemas de TV. Como su ayudante, conocí otra de sus facetas, su preocupación por el lenguaje, el idioma. le gustaba tomar exámenes orales, causando el terror de los estudiantes, y se quejaba de los problemas de expresión de los alumnos, a punto de egresar de Ingeniería. Fue miembro alguna vez de una comisión de la OTI preocupada de la pureza del lenguaje.
Posteriormente, me ofreció trabajo en TVN. Recuerdo como si fuera hoy una llamada telefónica suya preguntándome si tenía trabajo, era fines de diciembre de 1974, yo todavía no egresaba, y le respondí que no, me preguntó si me interesaba trabajar en TVN, le dije que sí, ¿Cuándo entraría? le pregunté, presentate el 2 de Enero en mi oficina. Mi primer pensamiento fue “sonaron mis vacaciones”….eran otros tiempos…..
En TVN, probablemente haciendo lo que había hecho con él, “me tiró a los leones” de inmediato, cosa que yo más de alguna vez repetí con otros ingenieros.
No quiero extenderme mucho, trabajamos en varios proyectos, luego ambos salimos de TVN, él mucho antes que yo, y nos reencontramos en Telefónica, el año 90.
Allí trabajamos codo a codo, introduciendo a esa enorme compañía en el mundo de la Televisión, o introduciendo la Televisión a esa gran compañía, como quieran verlo.
También allí Mario fue un actor de la historia de las comunicaciones de este país, al dirigir un, en ese momento, modernísimo proyecto de transmisión digital por fibra óptica entre el Congreso Nacional en Valparaíso y el edificio de La Moneda, y luego otros proyectos igualmente novedosos e importantes.
Salimos ambos de Telefónica, a principios de este siglo, él un poco antes que yo, y a partir de ese momento, nuestra relación fue de amigos.
Fue en este período sin embargo, en que nuevamente Mario fue para mí un Maestro, y su enseñanza esta vez no ocurrió en el aula ni en el laboratorio del trabajo, sino en “la vivencia de la vida”, y en el ámbito no de la ingeniería, sino una lección de vida.
Cuando supo, sin lugar a dudas, el terrible diagnóstico de su enfermedad [2], nos dijo que había tomado la decisión de afrontarla “con dignidad y hombría”, cosa que cumplió a cabalidad, hasta sus últimos días, su principal preocupación era no hacer sufrir a su familia, su gran y verdadero tesoro, lo que constituye para nosotros, quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, y de ser distinguidos por él como sus amigos, una enorme enseñanza, y un regalo de la vida.
Yo sé que Mario tuvo que responder al entrar a esta Orden [3], la pregunta ¿cómo quieres que te recuerden?
No conozco su respuesta, solo sé como lo recordaremos nosotros.
Son tantas cosas, un gran ingeniero, un amante esposo, un preocupado padre, un excelente amigo, un gran intelectual, y si tuviera que resumirlo todo en dos palabras, diría que como una buena persona, una persona como como las que, desgraciadamente, son cada ves más escasas y más necesarias.
No quiero terminar mis palabras sin destacar que, como dice el refrán popular, detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y decir que no se entiende la vida de Mario sin Sarita, su mujer. Permanecieron juntos desde los catorce años, primero como pololos, luego como novios y finalmente como matrimonio, tuvieron 3 hijos, y la fecha de su partida, varios nietos.
Sarita lo acompañó con gran valentía, coraje e infinito amor hasta sus últimos instantes.
Van para ella, a modo de consuelo, mis palabras, y decirle como creyente que soy, que me asiste la plena certeza que Mario está hoy con Dios, cualquiera que sea la idea que de él tuviera, y que, a juzgar por su vida, y el aprecio que despertaba en todos sus amigos, no debe ser muy distinta de la que tenemos los cristianos.
Más que con la pena de haberlo perdido, quiero quedarme con la alegría del privilegio de haberlo conocido y haber sido distinguido con su amistad.
Hasta siempre Mario, descansa en paz...
[1] Sara Peralta era su esposa, Francisca, educadora, Mario, periodista y Marcela, Psicóloga sus hijos.
[2]Mario padeció de Esclerósis Lateral Amiotrófica, la misma enfermedad de Stephen Hawking. Hawkings nació el 8 de enero de 1942, Mario un mes antes, el 5 de diciembre de 1941, dos días antes del ataque a Pearl Harbour, como nos decía a veces.
[3] Mario fue Masón